sábado, 11 de abril de 2015

Ekiar: La transcripción de un verbo ibérico.


EKIAR: LA TRANSCRIPCIÓN DE UN VERBO IBÉRICO

Abelardo López Pérez

El lenguaje ibérico, perteneciente sin duda al lenguaje preindoeuropeo permanece cerrado en el más absoluto hermetismo, no tenemos ni método seguro, ni referencias ordenadas para analizarlo. Estas son las palabras mencionadas por el profesor Blanco Freijeiro al tratar sobre la epigrafía ibérica en Los Primeros Españoles (1994). Una lengua de la que poseemos tantos documentos –se lamenta A. Tovar (1984)- no estaría indescifrada, una vez que se lee con seguridad.   Y  ciertamente hasta la fecha, pese al conocimiento de su lectura facilitada por las cecas numismáticas, poco se puede ofrecer con certeza en la investigación interpretativa epigráfica. Considero que dicho hermetismo no está ocasionado solo por la incomprensión de un lenguaje epigráfico, también está provocado por la incomprensión iconográfica que en la mayoría de los casos le acompaña.

La cerámica ibérica levantina contiene la peculiaridad de exponer gran cantidad de textos de escritura ibérica acompañada por escenas  de personas en actitudes sociales y bélicas, mientras la arqueología convencional considera que son escenas de carácter mitológico o cosmológico. El error es descomunal y se extrapola a otros objetos con epigrafía perjudicando su interpretación, incluso con atributos mágicos, maléficos o protectores, cuando en realidad pueden ser textos de un gran contenido sociopolítico.

 El conocimiento de un código que configura el lenguaje de la iconografía ibérica debería abrir nuevas vías de interpretación epigráfica. Y ciertamente la introducción al contexto social ibérico nos puede facilitar la investigación de algunos elementos epigráficos de los textos más oportunos.

En uno de mis trabajos interpretativos formulados en El ojo del Ibero (2005) y posteriormente publicados en la desaparecida edición de Revista de Arqueología, titulado “El eusquera y la lengua ibérica” (2007) ya  menciono la introducción al contexto social ibérico con la interpretación de símbolos  y la posible interacción contextual entre el lenguaje ibérico y el eusquera. Pero ahora, sin negar cierto parecido fonético entre estos, me decantare en una nueva reinterpretación que nos puede acercar a la realidad de un verbo que tiene mucho que ver con nuestra lengua castellana.

Dicho verbo es el que se halla expresado en el vocablo ibérico EKIAR. “La forma ekiar, bien conocida en los textos ibéricos y cuya interpretación habitual es la de que se trata de un verbo que significa “hacer” (Luján, 2007). Aranegui  Gasco y De Hoz (1992), mencionan lo significativo que es la frecuencia de los casos en los que aparece junto a un nombre de persona, al que normalmente sigue. Estos autores también señalan que pese a ser una de las secuencias más repetidas en la epigrafía ibérica el análisis combinatorio no permite avanzar gran cosa en su interpretación de los textos ekiar.

No cabe duda de que algo falla. Por lo que merece la pena atender a mi nueva propuesta interpretativa, ya que considero que puede  aportar algún progreso a la investigación paleográfica ibérica.

Este vocablo ibérico se halla separado por puntos en la pintura vascular de la tinaja de borde dentado  nº 162 y 163 del departamento 111 de Liria (Aranegui, 1997, fig. IV 2), en la tapadera donde se representan olas marinas y hojas de hiedra. El símbolo de la unión manifestado en la iconografía mediterránea por la hoja de hiedra, se muestra acompañado por olas marinas en cerámica del levante peninsular. La conexión marina es innegable y el contexto sociopolítico de la unión es sincronizada por la propia cronología de esta cerámica de entre el 175 y 150 a. C., donde  la 2ª Guerra Púnica es una realidad.

El contexto bélico se hace patente en más representaciones vasculares  de Liria con representación de jinetes empuñado armas. En el friso inferior incompleto de la tinaja nº 142 del departamento 31 (Aranegui, 1997, fig. II. 13), muestra jinetes lanceros e infantes enfrentados. La importancia de esta tinaja radica en la gran cantidad de epigrafía ibérica que contiene, mostrando la terminación EKIAR  en tres ocasiones.

La palabra EKIAR  se vuelve a mostrar dos veces en la parte superior del friso del leves nº 169 del departamento 14 de Liria (Aranegui, 1997, fig. 47), acompañado por un jinete con brazo alzado con lanza en posición ofensiva, más, damas y caballeros unidos en la danza en presencia de la hoja de hiedra.

Este vocablo ibérico se vuelve a mostrar dos veces más sobre otra escena de la tinaja nº 222 de Liria (Aranegui, 1997, fig. II. 34 a y b). Según Ballester (1997) en esta escena “se desarrolla una compleja decoración en tinta plana que comprende una escena incompleta acuática, con peces y parte de un barco con guerreros; caballo sin jinete y lucha de dos guerreros a pie contra otro a caballo que huye, todos tocados con lo que se ha interpretado como casco con cimera; sobre esta escena, tres palabras, la primera incompleta y las otras dos acabadas con la misma terminación: EKUEKIAR y KEMIEKIAR”.


                                       (Fig. II. 34 a, en Aranegui, 1997)

 

Es justamente bajo esta terminación donde se aprecia, en ambos casos, la lanza. Uno, en el brazo alzado de un infante, y la otra sin que nadie los sustente, como lanzada (López Pérez, 2007). Esta posición, sobre la lanza, símbolo por excelencia de la lucha, más el contexto bélico manifestado, tanto simbólico como cronológico, es el que me incita a calificar una transcripción de EKIAR con la palabra LUCHA. Pero en el espacio bélico que nos hallamos donde la invasión peninsular tanto cartaginesa como romana es una realidad, existe otra palabra que manifiesta una coincidencia de género gramatical excepcional, y más sorprendente es que sea con el verbo  castellano ECHAR.

Echar a un invasor de la tierra invadida es la respuesta más razonable en cualquier acto bélico de ocupación. Una vez conocida la palabra clave es necesario contrastarla con el método del código iconográfico que defiendo, manifestando las pautas de un código narrativo compartido con el valor conceptual de una composición basada en un sistema de analogías.

Cualidad trascendental, simbiosis y ambigüedad, son la clave para analizar todo símbolo que se considere como tal. Por suerte el vocablo ibérico ekiar además de hallarse en más restos de pintura vascular, se halla representado en más soportes, otros objetos que permiten analizar en profundidad una sincronía contextual.

Según el profesor Untermann (1998) citando a Panosa (1993), una fusayola hallada en Valls (Tarragona) tiene la inscripción USTANATARSU-EKIAR-SINEKUNSIR.

En el canto de la hoja de una falcata (           Museo de Prehistoria de Valencia), según Aranegui Gasco y De Hoz (1992), se puede leer KEKEBES-TE-EKIAR-TE.

Según los autores mencionados (Untermann,; Aranegui y  De Hoz) el vocablo ekiar sería interpretado como “hecho” o “hizo” o algo similar. Sin lugar a dudas la similitud interpretativa coincide con el verbo propuesto “echar”. Y aunque aún quedan más soportes por analizar, comenzaré con estos dos mencionados ya que pueden tener algo en común. La cualidad trascendental de estos dos soportes epigráficos, la fusayola y la falcata, es que las dos deben de ser impulsadas para realizar su trabajo. La fusayola para facilitar el retorcido de la fibra textil y la falcata para que sea efectivo el golpe cortante o punzante.

—Debéis comprender el verbo en su principal expresión «echar»: hacer que una cosa vaya a parar a alguna parte dándole un impulso. Por tanto, sería correcto escribirla en los dos lugares. El impulso del arma para atacar y el impulso del huso para facilitar el retorcido o formación del hilo (en López Pérez, 2014).  

Sin lugar a dudas, a la cualidad trascendental de estos objetos hay que añadir la simbiosis entre éstos y lo representado, en éste caso el epígrafe; además hay que tener en cuenta la ambigüedad de la palabra como algo constante inmerso en la naturaleza de las cosas. El verbo “echar” también se utiliza para deponer a uno de su empleo o dignidad, su sinónimo “deponer” permite un contexto político de retirar a  alguien de su honor o dignidad.

Ahora podemos volver a la descripción iconográfica de la tinaja nº 222 de Liria (Aranegui, 1997, fig. II. 34 a y b),en la que  según Ballester (1997) en esta escena “se desarrolla una compleja decoración en tinta plana que comprende una escena incompleta acuática, con peces y parte de un barco con guerreros; caballo sin jinete y lucha de dos guerreros a pie contra otro a caballo que huye, todos tocados con lo que se ha interpretado como casco con cimera; sobre esta escena, tres palabras, la primera incompleta y las otras dos acabadas con la misma terminación: EKUEKIAR y KEMIEKIAR”.

El caballo montado que huye, sin lugar a dudas es echado del lugar. Es más, a esto hay que atender a mi descripción del 2007, ya mencionada anteriormente: “Es justamente bajo esta terminación donde se aprecia, en ambos casos, la lanza. Una, en el brazo alzado de un infante, y la otra sin que nadie los sustente, como lanzada”. El impulso de esta arma es innegable y su cualidad trascendental lo confirma. La simbiosis entre el soporte, lo epigráfico y lo escénico lo verifican.

                                                     

El morfema ibérico /KI/ puede ser el equivalente a la letra castellana /CH/. De hecho, estableciendo unan asociación entre la grafía < C > y el sonido [ K ], es notable en la transcripción latina de la lectura ibérica monetal; y el silabario  /CI/  castellano medieval  de hacia el año 1150 se menciona como /CH/ en las monedas acuñadas por Sancho VI (1150-1194) escribiéndose el nombre del monarca como SANCIUS. “Dentro de esta línea, Hübner se decide a incluir Sancius entre los Monumenta Linguae Ibericae, p. CXXXIV; y la gráfica medieval Sancius está bien atestiguada en los documentos y monedas que latinizan el nombre de Sancho en toda la amplitud de la Península” (en Mariner Bigorra, 1961). A todo esto se puede añadir lo mencionado por X. Ballester (2009): “De modo general y, desde luego, no arbitrariamente se ha operado con la premisa de que el ibérico no dispone de/h/, no disponía de aspiración… Firme es,  en todo caso, la evidencia –aunque ciertamente siempre adscribible al contacto aloglótico, sea púnico o aquitánio- que encontramos en términos que, por lo demás, hay que considerar ibéricos. Se trata ciertamente de registros esporádicos pero aparentemente significativos cuales el CHADAR (C.I.L. I 709) del documento ausculano, un VRCHATETELLI (C. I. L. II 2967)   en Muruzábal de Andión (Navarra) y ya en territorio meridional, en Alcalá del Río (Sevilla),  un VRCHAIL (C.I.L. II 1087)”. Sin lugar a dudas, no menos significativo es que en los tres registros intervenga el silabario/CHA/, por la coincidencia  fonética comparada a la trascripción del vocablo ibérico EKIAR.

Ahora estamos en condición de analizar más casos para seguir uniendo cabos inexplicables o controvertidos para la arqueología. La palabra EKIAR también se halla inscrita en el reverso de una moneda de plata de Arse (Sagunto),  con la leyenda ARSAKISKUEKIAR, que según García-Bellido (1993), pertenece al periodo de dominación púnica en Sagunto, es pues –continua- una emisión en lengua indígena pero bajo administración púnica.

Sin lugar a duda estamos hablando del  lugar donde se protagonizó  el origen de la 2ª Guerra Púnica. Sagunto, ciudad aliada de Roma, fue sitiada en el 218 a.C. por los cartagineses dirigidos por Aníbal Barca, provocando una confrontación militar que duro ocho meses con el resultado final de la toma de la ciudad. La administración púnica de Sagunto bien pudo acuñar moneda con la propaganda sociopolítica  de  deponer a la ciudad de Arse de su honor o dignidad en un evidente momento de cambio sociopolítico.

Continuando con las pautas de un código narrativo compartido, con el valor conceptual de una composición basada en un sistema de analogías. Sería algo más que una casualidad que coincidieran más interpretaciones guardando un contexto, iconográfico, social, político y cronológico, de acuerdo con el código de lectura establecido y publicado ocupando portada  en Revista de Arqueología (López Pérez, 2011).

Sumando paralelos interpretativos sobre los objetos citados, quiero que se tenga en cuenta la presencia de la hoja de hiedra incluso en la falcata mencionada del Museo de Prehistoria de Valencia. Ya que  muestra damasquinados de plata de líneas en zig-zag con hojas de hiedra intercaladas; simboliza la dependencia de la unión. Incluso las hojas también se representan intercaladas opuestamente o enfrentadas, aludiendo a grupos sociales opuestos. No en vano el verbo echar se halla inscrito junto a un nombre (KEKEBES-TE-EKIAR-TE). El enfrentamiento  de grupos sociales opuestos se correlaciona con la causa   de  deponer a alguien de su honor o dignidad. Todo ello reflejado en el arma por excelencia que caracteriza a las poblaciones nativas ibéricas.

Ahora, voy hacer una lectura iconográfica del mosaico hallado en el yacimiento de “La Caridad” en Caminreal (Teruel) donde aparece la lectura epigráfica ibérica LIKINETE:EKIAR:USEKERTEKU al pie de una elaborada simbología con la insistente presencia de la hoja de hiedra.                           

                               

                    Reproducción del panel central del mosaico de Caminreal

Este mosaico está considerado de fines del siglo II a. C.  o principios del I a. C., destruyéndose  en torno al año 75-72 a. C. (en Vicente Redón et alii, 1989). En el panel central donde se halla la inscripción, se representa un círculo con corona de hojas de hiedra y rosa de dieciséis pétalos romboidales. El círculo y la corona forman dos círculos concéntricos configurando una caetra, símbolo de la defensa. El rosetón de dieciséis pétalos simboliza la ofrenda o mejor dicho su sinónimo de  entrega, que junto a la insistente hoja de hiedra articulada entre sus pétalos, manifiesta la entrega de la unión. Conjuntamente, se pronuncia la entrega a la defensa de la unión. La corona de hiedras que alternan opuestamente configura una línea ondulada, símbolo del altercado, por lo que conjuga en su interpretación, manifestando un altercado de uniones opuestas.

 Según los autores citados anteriormente, las enjutas de ésta composición están ocupadas por palmetas con pequeñas volutas, y por dos grupos de dos delfines enfrentados por el morro. Sobre si se trata de palmetas no lo tengo claro, pero las volutas simbolizan el alzamiento. El delfín simboliza el dominio, y que se hallen enfrentados involucra un enfrentamiento de dominios. Estos relatos interpretativos, indudablemente tienen un carácter bélico, y la cronología lo justifica, ya que a finales del siglo II a. C. corresponde a la caída de Numancia por Publio Cornelio Escipión y la posterior pacificación del territorio celtíbero. No cabe duda de que la prolongada resistencia celtíbera a la dominación romana se debió a su unión. Y tal y como señalan los investigadores los pobladores del yacimiento de “La Caridad”  fueron fundamentalmente celtíberos.  Sin lugar a dudas, en “La Caridad” al igual que en Sagunto se produjo un cambio sociopolítico, y que el verbo EKIAR  se halle –según señalan los autores citados- entre un nombre propio (LIKINE) y el nombre de una ciudad (USEKERTE), resulta más que comprensible la correspondencia iconográfica y epigráfica. LIKINETE se puede traducir, como el nombre de una persona, dirigente de  un grupo social. Un grupo social  depuesto de la ciudad de USEKERTE.

Pero aún hay más, y repito, todas las interpretaciones están basadas en un sistema de analogías muy presente en la cultura material ibérica y celtibérica.

El panel superior muestra dos marcos, ambos con una elaborada composición geométrica  en su interior  de un  rosetón  dentro de un círculo. En las enjutas del marco de  la derecha, el rosetón  ésta acompañado por peltas y cuartos creciente  o medias lunas. La pelta es el nombre que recibe un escudo ligero usado por los antiguos griegos, sin lugar a dudas con un atributo defensivo, y la media luna es el símbolo de la nación simplificada en el ente autónomo e independiente de un pueblo o ciudad. Aquí  se ofrece protección a la nación.

     “Usekerteku, ultimo vocablo de la inscripción, posee una desinencia final que puede relacionarse con un genitivo -KU que puede relacionarse con un genitivo de procedencia o de origen. Usecerde es el nombre de una ciudad ibérica que acuña monedas bilingües con tipos parlantes de Cesar (elefante y Victoria) posteriores al año  50 a. C. y con la leyenda monetal USECERDE OSI. La ciudad, ya con el nombre latinizado Usicerda alcanzó la categoría de municipio en época de Augusto o Tiberio,  acuñando monedas con la mención MUN OSICERDA. Su localización es insegura, coincidiendo los autores en situarla imprecisamente en el Bajo Aragón” (en Vicente Redón et alii, 1989).

 De nuevo una lectura iconográfica, documento de primera mano, manifiesta un mensaje político social. Y de nuevo, el verbo echar se hace patente junto al nombre de una ciudad. Y al igual que ocurriese en Sagunto, se puede mencionar el honor o dignidad de los habitantes de  la ciudad en un momento donde resulta evidente un cambio sociopolítico.

 

El Autor: Abelardo López Pérez (abelardolp@hotmail.com)

(Director de la Exposición Arqueológica de Abengibre, Albacete. Abril del 2015) 

                                                                          

 

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